| En 1852 se
produce la batalla de Caseros, entre Justo José de Urquiza, defensor de una organización
nacional bajo una constitución, y Rosas. Ambos eran federales; Rosas, a pesar de la
sangrienta represión y de la crisis económica, logró las bases para que Urquiza
después de vencer en Caseros lograra reunir un Congreso General Constituyente
y se promulgara la Constitución de 1853. Mientras tanto, como se había pactado en San Nicolás,
Urquiza era el jefe del gobierno provisional hasta la aprobación de la nueva
Constitución. Desde Buenos Aires, Bartolomé Mitre rechazó la incorporación de esta
ciudad a la federación; la cámara legislativa lo escuchó y no aceptó la nueva
Constitución. Al renunciar López y Planes gobernador de Buenos Aires,
Urquiza dio un golpe de Estado. La provincia fue recuperada por los porteños en la
revolución de 1882; así se formó la Confederación Argentina con capital en
Paraná y con Urquiza como Presidente por un lado, y el Estado de Buenos Aires
que no proclamaba su independencia ni se unía a la Confederación por otro.
Esta situación ambigua de Buenos Aires se prolongó durante diez años.
En 1858 se produjo la
batalla de Cepeda, en la que Urquiza venció. A pesar de ello, no quiso entrar en la
ciudad y pidió que se restituyera al Gobernador, que era ultra porteñista, para llegar
al Acuerdo de San José de Flores, por el que Buenos Aires se comprometía a formar parte
de la Confederación. El problema de la capital suscitó nuevos conflictos: Buenos Aires
no deseaba entregar la ciudad para su federalización y en 1861 se produjo la batalla de
Pavón, entre Buenos Aires y la Confederación, en la que no hubo un vencedor definido.
Urquiza retrocedió hasta Entre Ríos y Mitre al mando del ejército de Buenos
Aires y cruzó hasta el Rosario. |