Las
hostilidades entre las dos facciones fueron en aumento y provocaron un enfrentamiento
civil en 1819. En 1820 se restableció la paz, pero el problema principal la
formación de un gobierno estable quedó sin resolver. Durante la mayor parte de la
década siguiente reinó la anarquía en las Provincias Unidas, situación que hubiera
continuado de no ser por la guerra con Brasil, ya que ésta exigía una forma de
organización constitucional. Buenos Aires convocó a una reunión a las provincias en
1824. El Congreso estuvo dominado por los unitarios, se eligió a Bernardino Rivadavia
como presidente y fue entonces Buenos Aires la dueña del poder en la República Argentina
(denominación que comenzó a usarse desde ese momento). Argentina le declaró la guerra a
Brasil por la ocupación de la Banda Oriental; Brasil fue derrotado y la Banda Oriental se
declaró independiente, al igual que Bolivia (Paraguay se mantenía neutral).
El régimen unitario fracasó y se
volvió a la antigua forma de gobierno, en la que cada provincia se autogobernaba y
delegaba en Buenos Aires las relaciones con el resto del mundo. El gobernador de Buenos
Aires, Manuel Dorrego en quien confiaban el resto de los gobernadores por ser
federal fue derrotado por el unitario Juan Galo Lavalle, lo que dio lugar a una
guerra civil. En Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas fue el encargado de resistir a los
golpistas del gobierno de Dorrego. En 1829 se acordó que Rosas fuera el gobernador de
Buenos Aires y se restituyó la cámara legislativa.